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YA NUNCA MAS.
Se enfrentó a las inglesas fragatas,
entre explosiones, estruendos y humareda;
y con sabor de lágrimas amargas,
y un sentimento de congoja y de tristeza,
él regresó junto a su padre esa mañana
con manos llenas de dolor y de nobleza.
Lloró otra vez la triste muerte de su madre,
el no sentir hoy sus caricias, su tibieza,
el no escuchar esas palabras que alentaban,
que habrían calmado su pesar y su impotencia.
Miró a su padre con la única mirada,
de quien no siente ya ni amor ni fortaleza,
de quien no sueña con un mágico mañana,
lleno de luces, colores y belleza.
De quien no tiene pensamiento para nada,
sólo recuerdos de cañones en la guerra,
y proyectiles con la meta despiadada:
sus compañeros del ayer, su adolescencia.
Y recordó sus aventuras, sus andanzas,
aquellos tiempos de felicidad completa;
“ya nunca más” pensó, y mientras lloraba,
miró el lugar donde no estaban más sus piernas.
Silvia de Sione.
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